El arte vivo

La puerta abierta a la belleza

Colección Alicia Koplowitz
Museo de Bellas Artes de Bilbao
Grupo Omega Capital.
Del 28 de julio al 23 de octubre

 

Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828) Maja y celestina al balcón 1810-1812. Óleo sobre lienzo. 166 x 108 cm © Colección Alicia Koplowitz – Grupo Omega Capital

Una luz con transparencia de nubes nos envuelve. El Museo de Bellas Artes de Bilbao extiende sus brazos de cristal meciéndose con ritmo de barco en ese encuentro asombroso con la belleza. Por primera vez descubrimos horizontes inéditos, maravillosos cuadros y esculturas nunca vistos en una exposición marcada por el ímpetu de la sorpresa.

No cabe duda de que Alicia Koplowitz ha formado a lo largo de las últimas décadas una de las colecciones artísticas europeas más relevantes. En esta ocasión verdaderamente única podemos contemplar noventa lienzos y esculturas desde el siglo XVl hasta el XX en una visión auténticamente cosmopolita formada por artistas españoles y extranjeros. Un inteligente planteamiento en el que ha intervenido de modo decisivo Almudena Ros de Barbero, conservadora de la colección y comisaria de la exposición.

La alternancia entre pintura y escultura y entre figuración y abstracción mantiene el necesario punto de equilibrio para conseguir que este recorrido por el mundo del arte se convierta en una experiencia vital en el diafragma de sensaciones que nos envuelven. De modo especial se ha intentado y se ha conseguido que la mujer tenga un papel determinante en esta bellísima historia, bien como protagonista de gran parte de estas obras o como su realizadora.

En este sentido entiende Alicia Koplowitz su papel:
“El coleccionista es aquella persona que trata de hacer perdurar los distintos hitos de su vida a través de los objetos que va guardando; desde las más humildes colecciones hasta las más fabulosas y deslumbrantes, pienso que todas tienen ese sentido”.

Datos de interés

Amedeo Modigliani (1884-1920) La Rousse au pendentif. (La pelirroja con el colgante), 1918. Óleo sobre lienzo. 92 x 60 cm. © Colección Alicia Koplowitz – Grupo Omega Capital

El Museo de Bellas Artes de Bilbao y Petronor presentan por primera vez en nuestro país la exposición Colección Alicia Koplowitz – Grupo Omega Capital, una de las más destacadas colecciones artísticas privadas europeas.

Las 90 piezas que forman la exposición ofrecen un recorrido por la historia del arte a través de maestros de todas las épocas, en donde destacan la escuela española –Pantoja de la Cruz, Morales, Zurbarán, Arellano, Paret o Goya–, el vedutismo italiano –Guardi, Canaletto–, el posimpresionismo francés –Van Gogh, Gauguin y Toulouse-Lautrec– y el arte contemporáneo –con pinturas de Picasso, Juan Gris, Antonio López, Millares, Tàpies y Barceló, en el arte español, y de Mondrian, Modigliani, Van Dongen, Schiele, De Kooning, Fontana, Rothko, Bacon, Freud, Warhol, Twombly o Kiefer en el contexto internacional–. El capítulo contemporáneo se completa con esculturas de Gargallo, Julio González, Oteiza, Chillida, Calder, David Smith, Giacometti, Louise Bourgeois, Donald Judd o Ai Weiwei.

La exposición

Como indica el profesor Francisco Calvo Serraller el recorrido expositivo ofrece un repaso a la historia del arte occidental –que se inicia en la Antigüedad clásica y termina en nuestros días–, que no se ordena por sus principales periodos y maestros, sino a través de una selección guiada por el gusto artístico de la coleccionista.

Juan Pantoja de la Cruz (1553-1608) Retrato de doña Ana de Velasco y Girón, duquesa de Braganza, con traje de corte, 1603. Óleo sobre lienzo. 103 x 82 cm. © Colección Alicia Koplowitz – Grupo Omega Capital

El itinerario se divide en nueve apartados: “La persistencia del ideal clásico”, “El Siglo de las Luces”, “Vida privada, vida pública”, “París, cambio de siglo”, “Nuevos caminos en el arte de entreguerras”, “Materia, gesto, mancha”, “Figuraciones”, “Informalismos y abstracciones” y “Epílogo”.

Tomando como punto de partida la escultura grecolatina, pone de relieve un mayor interés por las épocas moderna y contemporánea y, sobre todo, por los siglos XVIII y XX. Temáticamente se aprecia una especial sensibilidad hacia la iconografía femenina, que se origina, precisamente, en la estatuaria de Afrodita y continúa, como un hilo conductor, a lo largo de las diversas épocas y géneros artísticos.

De este modo se entienden, entrando ya de lleno en el arte español de los siglos XVI y XVII, la pintura de corte de Juan Pantoja de la Cruz –Retrato de doña Ana de Velasco y Girón, duquesa de Braganza, con traje de corte– o las maternidades en clave religiosa de Luis de Morales –Virgen vestida de gitana con el Niño del aspa– y Francisco de Zurbarán –La Virgen con el Niño Jesús y san Juanito–. Dentro de la pintura del siglo XVII destaca también el género del bodegón, con el suntuoso Cestillo de flores de Juan de Arellano.

En el siglo XVIII Goya adquiere protagonismo indiscutible con cuatro obras que muestran los variados intereses del genio aragonés: la escena de bandoleros Asalto a la diligencia, la mitológica Hércules y Ónfala, el delicado Retrato de la condesa de Haro y Maja y celestina al balcón, ejemplo del casticismo goyesco. El gusto por lo popular se manifiesta también en otros pintores coetáneos y en otras derivaciones temáticas, como las escenas costumbristas de Lorenzo Tiepolo o la pintura galante de Manuel Camarón y de Luis Paret y Alcázar.

Luis Paret y Alcázar (1746-1799). Baile popular en la puerta. de una taberna, h. 1770-1775. Óleo sobre lienzo. 40 x 53 cm. © Colección Alicia Koplowitz – Grupo Omega Capital

También en este mismo siglo destaca otro género, el de la pintura de vistas, que se vuelve paradigmática en la obra de los venecianos Francesco Guardi y Canaletto, topográfica en las dos panorámicas de Antonio Joli, y “ruinista” en las composiciones del francés Hubert Robert. Más original es la presencia de Pietro Antonio Rotari, que caracteriza en sus lienzos a cuatro jóvenes acentuando sus expresiones anímicas.

El siglo XIX está representado por un refinado cuadro de Raimundo de Madrazo y, sobre todo, el posimpresionismo francés con obras de Gauguin, Toulouse-Lautrec y Van Gogh; este último con una naturaleza muerta. Dentro de las primeras décadas de la vanguardia parisina y el expresionismo austriaco el fauvista Kees van Dongen, Egon Schiele y Amedeo Modigliani continúan la inclinación de la coleccionista por la representación de la figura femenina.

Con casi cincuenta piezas, el siglo XX es otro de los núcleos esenciales de la colección y constituye la mitad de la selección de las obras de esta exposición. De ellas, más de un tercio se corresponde con artistas españoles de relevancia internacional. Sobresalen pinturas de Picasso –con dos óleos y un dibujo, pero también con una pequeña escultura en metal pintado–, Juan Gris y Luis Fernández, que en parecidas fechas vivieron junto con los escultores Pablo Gargallo y Julio González la efervescencia de la vanguardia histórica en París. La obra de Julio González –una escultura en hierro forjado y su dibujo preparatorio– encuentra su relación natural en las posteriores realizaciones de Alexandre Calder y David Smith.

Vincent van Gogh (1853-1890). Nature morte, vase avec oeillets. (Naturaleza muerta, jarrón con claveles), 1890. Óleo sobre lienzo. 41x32cm. © Colección Alicia Koplowitz – Grupo Omega Capital

Ya en la década de los años cuarenta, el itinerario de la muestra resume muchas de las inquietudes del arte español de la época en las pinturas de Antonio López, Manuel Millares, Antoni Tàpies; y ya durante los años setenta en la de José María Sicilia, y en la pujante escultura vasca del periodo, magníficamente representada con obras de Jorge Oteiza y Eduardo Chillida. Finalizando el siglo, se exponen dos cuadros de gran formato de la década de los noventa de Miquel Barceló y una escultura de Juan Muñoz del año 2000.

Mark Rothko (1903-1970) No. 6 (Yellow, White, Blue over Yellow on Gray) (N.º 6 [Amarillo, blanco, azul encima de amarillo sobre gris]), 1954 Óleo sobre lienzo. 240 x 151,8 cm © Colección Alicia Koplowitz – Grupo Omega Capital

En el arte europeo de mediados del siglo XX la vertiente figurativa se concreta en las estilizadas esculturas de Germaine Richier y Alberto Giacometti, y en los desolados retratos de los pintores Lucian Freud y Francis Bacon. El único ejemplo de arte pop es un icónico autorretrato de Andy Warhol.

Por las mismas décadas, la pintura de Nicolas de Staël ofrece el contrapunto abstracto que, en diversos ejemplos, va trazando un camino propio en la colección: el neoplasticismo de Piet Mondrian, el espacialismo de Lucio Fontana y las expresiones en clave minimalista de Frank Stella, Donald Judd, Agnes Martin o Blinky Palermo, y la “abstracción musical” de Fausto Mellotti son ejemplos relevantes de esta expresión.

Por su parte el expresionismo norteamericano incluye nombres tan significativos como Willem de Kooning y Mark Rothko y, en la siguiente generación, Cy Twombly, que extiende su influencia hasta Anselm Kiefer.

Precisamente de Kiefer es la pintura más reciente de la colección, fechada en 2014. Otros nombres del arte más reciente como los de Louise Bourgeois o Ai Weiwei forman parte del enriquecedor epílogo de la exposición.

 

 

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Expresionismo abstracto, la dimensión de los grandes sueños

Guggenheim Museum in Bilbao

 

EXPRESIONISMO ABSTRACTO

Guggenheim. Bilbao
Del 3 de febrero al 4 de junio

Comisarios: organizada por la Royal Academy of Arts de Londres, con la colaboración del Guggenheim. Comisariada por Edith Devaney, David Anfam y Lucía Agirre


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Robert Motherwell. Pintura mural, n.o III (Wall Painting No. III), 1953 Óleo sobre lienzo 137,1 x 184,5 cm Colección particular. Cortesía Hauser & Wirth © Dedalus Foundation, Inc. /VAGA, Nueva York/VEGAP, Bilbao, 2016

La luna eléctrica de Nueva York se abre camino en el cielo mientras destroza a dentelladas los cristales de los rascacielos. Todavía quedaban rescoldos de cenizas lamiendo los cielos de Europa, abriéndose camino entre el dolor de aquellos túneles sangrientos, sometidos a la angustia de una existencia que se arrastraba entre los dramas colectivos de las Guerras Mundiales y la Gran Depresión. Centenares de voces de poetas y artistas se habían consumido entre los bombardeos y los que pudieron hacerlo buscaron refugio en la ciudad de los grandes sueños. Soñaban con poder respirar el oxígeno de la libertad.

Y aquí surgió, en la década de 1940, como un volcán derramando lava, un nuevo grupo artístico de amigos, ebrios de celebridad y desconsuelo, huyendo de los gulags y los tormentos, gastando las horas de la noche entre el alcohol y la juerga, redefiniendo la naturaleza de su propia pintura. De este modo consiguieron fundir el tiempo a ritmo de jazz y de discusiones artísticas y llegaron a convertirse en el primer movimiento vanguardista establecido fuera de París y apadrinados por Peggy Guggenheim. Este desplazamiento de París a Nueva York también lo aprovechó la CIA que organizó cincuenta exposiciones en distintos países europeos para demostrar que en EEUU los artistas gozaban de una libertad desconocida en el bloque soviético.

La fusión del pintor y el espectador

 A diferencia del Cubismo y del Surrealismo que les precedieron, el Expresionismo abstracto se extiende en lienzos de dimensiones colosales y busca por encima de todo desenvolverse en un universo al margen de rígidas estructuras que pudieran aprisionar los latidos del corazón del arte. Por eso estos artistas desarraigados y sometidos a fuertes tensiones, buscaron su propio equilibrio en el amplio espacio del inconsciente. El pintor y el espectador llegaron a mezclarse en cada cuadro y ambos adquirieron un papel protagonista hasta fundirse en una misma identidad, como se puede observar en las 130 obras expuestas en esta muestra.
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Willem De Kooning. Sin título, ca. 1939 Óleo sobre papel, montado sobre lienzo 95,8 x 73,7 cm Colección particular © The Willem de Kooning Foundation, Nueva York /VEGAP, Bilbao, 2016

Las palabras de Jackson Pollock resumen a la perfección el nuevo sentido de este nuevo modo de concebir el arte: “La pintura abstracta es abstracta. Se enfrenta a ti”. Precisamente una de las obras más espectaculares de esta exposición es el “Mural” encargado por Peggy Guggenheim en 1943  para su propia casa, de dimensiones desconocidas hasta ese momento, y que representa animales en estampida.

Al mismo tiempo los miembros de este grupo profundizan en la savia del clasicismo y en el desarrollo de los movimientos artísticos como es el caso del armenio Arshile Gorky que posee un profundo conocimiento de la historia del arte y que transmite a otros pintores como William de Kooning. De todos modos su capacidad para fusionar tendencias como el cubismo y el surrealismo adquiere un lenguaje un tanto híbrido. No sucede lo mismo con el holandés De Kooning donde la violencia de sus sentimientos, entre la abstracción y la figuración, crea efectos pictóricos explosivos y rebeldes. La iconografía de este artista revela un importante simbolismo religioso que se extiende desde los abismos de la perdición hacia la salvación, asumiendo las tesis de los maestros de la pintura clásica sobre la condición humana

El hipnotismo mágico de Rothko

Sin embargo uno de los artistas que entre el público despierta mayor interés es Mark Rothko nacido en Letonia en 1903 y fallecido en Nueva York en 1970. En la década entre 1950 y 1960 sus obras se convierten en grandes espejos, personificaciones abstractas de poderosos sentimientos humanos, como él mismo señala, centrándose en la tragedia, la fatalidad o el éxtasis. Sus cuadros, enmarcados en rectángulos flotantes donde no aparece la presencia humana, constituyen sin embargo un estallido de emociones que conmueven al espectador. En este sentido él mismo llamaba a sus pinturas “fachadas”, término que descubre ese mágico hipnotismo que transmiten sus obras.

Este nuevo movimiento se encuentra centrado en la “Action Painting”, término acuñado por el crítico Rosenberg en 1952 para describir sobre todo la pintura de Jackson Pollock, también conocida como “pintura gestual” y que asume del surrealismo todo lo que es automático. Pintó bajo la influencia de Picasso y se introdujo en el universo del psicoanálisis a través de distintas experiencias personales que le servían de terapia aunque sus fuentes de inspiración proceden de atmósferas muy diversas como es el caso de la cultura de los indios de Norteamérica con sus pinturas de arena y sus formas simbólicas.

La revolución técnica del “dripping”

Masculino y femenino  (Male and Female) Jackson Pollock 1942–43

Jackson Pollock. Masculino y femenino (Male and Female), 1942–43 Óleo sobre lienzo 186,1 x 124,3 cm Philadelphia Museum of Art. Donación de Mr y Mrs H. Gates Lloyd, 1974 Fotografía: Philadelphia Museum of Art © The Pollock-Krasner Foundation VEGAP, Bilbao, 2016

En cualquier caso fue Pollock quien popularizó el “dripping”, técnica que consiste en dejar chorrear la pintura sobre el lienzo con un recipiente, una lata o un tubo, introduciéndose él mismo en el propio cuadro. Es decir no sólo pintaba con las manos sino con un gesto de todo el cuerpo. Después llevaba a cabo distintos goteos con un bastoncillo mojado en pintura. En este sentido se le conocía como “Jack the Dripper”, un divertido juego de palabras que le confrontaba con la expresión “Jack the Ripper” o “Jack el Destripador”.

Comenzó a utilizar esta técnica en 1947 y él mismo describe su forma de trabajar: “Mi pintura no procede del caballete. Por lo general, apenas tenso la tela antes de empezar. Y en su lugar, prefiero colocarla directamente en la pared o encima del suelo. Necesito la resistencia de una superficie dura.  En el suelo es donde me siento más cómodo, más cercano a esa pintura y con mayor capacidad para participar en ella ya que puedo caminar alrededor de la tela, trabajar desde cualquiera de sus cuatro lados e introducirme literalmente dentro del cuadro Se trata de un método similar al de los pintores de arena de los pueblos indios del oeste. Por eso intento mantenerme al margen de de los instrumentos tradicionales como el caballete, la paleta y los pinceles. Prefiero los pelos, las espátulas y la pintura fluida que gotea y se escurre, e incluso un empaste espeso a base de arena, vidrio molido u otras materias”.

De esta manera lo que plasma en la tela “no es una imagen, sino un hecho, una acción”. No cabe duda de que estos sueños inmensos que se hicieron patentes en las noches de Nueva York sirvieron para denunciar el horror de las guerras y los campos de exterminio y al mismo tiempo para intensificar la búsqueda de la esperanza en la salvación del género humano.

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Renoir y sus íntimos caminos de luz

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Los pinceles de un pintor son como los dedos mágicos del pensamiento que recorren los caminos más íntimos de la propia realidad. Por eso la exposición “Renoir: Intimidad” que se puede visitar en el Museo Thyssen hasta el 22 de enero de 2017 constituye un luminoso espejo en el que se refleja la profunda admiración del artista ante la contemplación del universo. No es de extrañar por tanto que ese gran director de cine que fue su hijo Jean Renoir, desde su compleja sensibilidad visual a través de la pantalla, hiciera referencia a la pintura impresionista de su padre describiendo que “miraba las flores, las mujeres o las nubes del cielo como otros hombres tocan y acarician”.

No cabe duda de que frente a la concepción habitual que reduce el impresionismo a la “pura visualidad”,  esta exposición que se convierte en la primera retrospectiva en España en torno a la figura del pintor impresionista Pierre-Auguste Renoir (1841-1919), destaca el papel central que ocupan las sensaciones táctiles en sus lienzos, y que pueden percibirse en las distintas etapas de su trayectoria y en una amplia variedad de géneros, tanto en escenas de grupo, retratos y desnudos como en naturalezas muertas y paisajes. Como él mismo señala: “Me gustan los cuadros que me dan ganas de pasearme por ellos cuando es un paisaje”.

Comisariada por Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, la exposición presenta un recorrido a lo largo de 78 obras del artista francés, procedentes de museos y colecciones de todo el mundo y que nos permite descubrir cómo Renoir se servía de las sugerencias táctiles de volumen, materia o texturas como vehículo para plasmar la intimidad en sus diversas formas, de tal manera que vincula obra y espectador con la sensualidad de la pincelada y la superficie pictórica. La muestra se exhibirá posteriormente en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, entre el 7 de febrero y el 15 de mayo de 2017.

La aproximación dinámica de los personajes

Mientras que en los retratos de grupo de Manet o Degas, por ejemplo, los protagonistas mantienen una actitud distante, Renoir dota a sus figuras de una cercanía física, en el entorno de una palpable intimidad que permite al espectador penetrar en un universo en el que descubre su propio papel plasmado en la humanidad de la escena. En este sentido, su hijo Jean Renoir señala que “no pintaba sus modelos vistos desde el exterior, sino que se identificaba con ellos y procedía como si pintara su propio retrato”. En sus representaciones con dos o más personajes es habitual que estos participen en un juego de alternancia entre el contacto visual y el físico, como se puede comprobar en parejas de hermanos o bien de madres e hijos. En ocasiones, esos intercambios se establecen en torno a una actividad común, como la lectura de un libro. En el caso de los retratos individuales, Renoir aspira a ofrecer al espectador algo semejante al contacto físico aproximándose todo lo posible. Si Degas rodea a sus modelos de un decorado, Renoir tiende a ajustar el encuadre, suprimiendo el entorno para concentrar la mirada en el rostro. Otros detalles en los cuadros de Renoir que aluden a sensaciones palpables son las cabelleras con las que juegan y se enredan las manos, los perros en brazos de figuras femeninas, una labor de costura, unas madejas de lana o la espesura de un jardín.

El legado de la etapa impresionista

La etapa impresionista, entre 1869 y 1880, ocupa
dos salas de la exposición y reúne algunos cuadros emblemáticos de la carrera de Renoir, como “Después del
almuerzo” (1879) o “Almuerzo en el restaurante
Fournaise” (El almuerzo de los remeros) (1869) , un
estudio del natural de “Le Moulin de la Galette” (1875-1876) y algunas de las obras que pinta en La
Grenouillère, zona de ocio a las afueras de París
donde trabaja con Monet, como “Baños en el Sena”(1869). También se puede admirar una selección de retratos femeninos al aire libre o en interiores como puede ser el “Retrato de la mujer de Monet” (1872-1874) o bien de parejas  recreadas en “El paseo” (1870).

La intimidad de su tradición clásica

A partir de 1881 la vía impresionista parece agotada y los miembros del grupo se distancian. Renoir vuelve la mirada a la tradición clásica, desde Rafael a Jean-Auguste Dominique Ingres. Sin embargo no abandona el lenguaje impresionista, pero añade a su pintura un énfasis mayor en el dibujo.

Entre las escenas de género, encontramos retratos de mujeres jóvenes, bien solas o acompañadas de otras mujeres, que se sitúan en un interior y en los que las protagonistas aparecen abstraídas en alguna actividad que las aísla del espectador. “La maceta verde” (1882) o “Jóvenes leyendo” (1891) permiten al espectador asomarse a este espacio íntimo de placeres cotidianos.

En cuanto a la sala dedicada a los paisajes se incluyen vistas de la costa de Normandía y sus alrededores  “Colinas alrededor de la bahía de Moulin Huet, Guernsey” (1883) y Provenza, donde comparte motivos pictóricos con su amigo Cézanne  como “La montaña de Sainte-Victoire” (hacia 1888-1889).

La exposición continúa con una selección de escenas
 familiares y domésticas protagonizadas por sus hijos: “Coco tomando  sopa”(1905) o el gran retrato de su hijo adolescente, “Jean como cazador”
(1910). Del mismo modo  representa a su mujer Aline que con motivo del nacimiento de su primer hijo, Pierre, posa en “Maternidad” (1885) y “Aline amamantando a su hijo” (1915).

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Poesía joven bailando bajo la luna

moonlight

La luna se despereza bajo las estrellas llenando de sombras el universo. Son las mismas sombras que contempla Andoni Mendía desde la mirada brillante y oscura de sus veinte años. Sombra por sombra las ha ido recopilando entre los pasillos de la noche hasta crear un hermoso ser cargado de belleza y de tensiones. Un sueño de papel que constituye su primer libro de poemas titulado “Sombra de luna”, editado por Seleer.

Y todo ello mientras cursaba tercer curso de Hispánicas en Vitoria, donde junto a un grupo de amigos que respiran el mismo aliento inspirador de los nuevos movimientos poéticos, ha puesto en marcha una revista de la Facultad con una genial portada diseñada por Eider Izaga y que lleva por título el sugestivo nombre de “Cadáver exquisito”.

Y todo ello sin dejar a un lado la responsabilidad que supone el formar parte del equipo de  “Donde viven las palabras”.

Y todo ello combinándolo con las clases de esgrima con espada de doble filo a modo de un caballero medieval. Pero no, no hay que preocuparse porque él afirma de modo tajante que no se siente en absoluto protagonista de este primer libro publicado sino que se trata de un canto a la poesía, la dama que extiende su aliento de luna a toda su obra.

El caso es que cuando Andoni Mendía nació en el País Vasco además de escuchar los cantos de viento de los grandes bosques descubrió con asombro que también los libros tenían su propia música. Así que leyó y leyó y escuchó y escuchó. “Es verdad, recuerda ahora. No se me olvidará un libro de poesías para niños de Rafael Alberti con unos dibujos maravillosos. Tenía ochos y me lo aprendí de memoria. Todavía lo puedo recitar desde el principio al final. Así que desde entonces a Alberti le tengo muchísimo cariño y lo llevo dentro. Fui un devorador de libros de fantasía y siempre estaba leyendo. Además enseguida empecé a distinguir los mejores y los peores y leía libros superiores a los que me correspondían por mi edad”.

Sin embargo al mismo tiempo soñaba con ser científico y andaba siempre perdido buscando cielos cubiertos de pájaros y suelos poblados de animales. “Es que mi madre es médico y mi padre biólogo y la verdad es que me tira mucho la ciencia. Después también me atraía ser escritor pero nunca había pensado que podía ser poeta hasta que llegué a la Universidad. La Facultad supuso para mí un descubrimiento asombroso porque en general los humanistas son, o somos, muy cerrados pero allí encontré amigos y grupos que pensaban como yo, que tenían las mismas inquietudes que yo y surgió todo el potencial que llevaba dentro. Un poeta decía que teníamos que salvar el espíritu y estoy de acuerdo. Creo que esta es la labor más importante de los poetas”.

Poco a poco la rosada tarde se va vistiendo de luna. Su sombra se refleja en el mar, en el murmullo de las arenas de las playas y en el corazón luminoso de los hombres. Pero solo Andoni Mendía ha podido escuchar su canción.

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Un libro y toda la soledad

cela

Camilo José Cela (1916-2016)

El centenario de un Nobel

Esta exposición quiere asomarse a la mirada y a la memoria del escritor como al brocal de un pozo, el pozo de su conciencia.

La vida de Cela constituye un enorme latido marcado por el ritmo tangencial del paso del tiempo. De ahí surge sin duda su amor por los relojes que ajustan sus manecillas en un desesperado intento por retener la piel de la eternidad en una infinita cadencia y que se encuentran presentes junto a la sombra de su recuerdo.

La Biblioteca Nacional con motivo del centenario de su nacimiento ha abierto sus puertas, como si se tratara de un inmenso abrazo, a la figura de este Premio Nobel ceñudo y tierno que de algún modo nos pertenece a todos. En cuanto cruzamos el umbral ya penetramos en el laberinto de su universo interior como si el propio escritor nos mostrara sus ilusiones, sus alegrías y la profundidad de sus pesares. Sus amigos, sus sueños, sus invisibles encuentros, nos acompañan a cada paso recubriendo las sombras de sus seiscientas piezas.

Después de recorrer sus caminos nos quedamos con la impresión de haber asistido a un espectáculo audaz, “maravilloso” como lo definió el propio Rey el día de su inauguración, concebido en la partitura de su propia genialidad, donde la literatura parece recostarse entre las cordilleras de la vida en el entramado de un excepcional diseño arquitectónico.  Aquí están los personajes más prestigiosos de su época riendo a su lado, como se puede comprobar en las cuarenta botellas regaladas con sus firmas, como si todos juntos acabaran de apurar su contenido. Basta con observar las dedicatorias de Hemingway, Américo Castro, Jorge Guillén, Pedro Laín Entralgo, Robert Graves, Sender, Picasso, Delibes o Henry Miller, entre muchos otros.

Distintas pantallas muestran las tres películas en las que participó y a lo largo del recorrido los visitantes se pueden introducir en las distintas etapas de su propia historia desde el momento en que nació en Iria-Flavia hasta ese último instante  en que al escritor se le ha parado su reloj y ahora descansa en la antigua colegiata donde fue bautizado bajo la sombra gris de un enorme olivo. Por su interés reproducimos los textos que señalan las distintas etapas de fuego y amor que  marcaron las llanuras, los precipicios y las montañas de su existencia.

Datos de la exposición:

Del 5 de julio al 25 de septiembre de 2016.

Biblioteca Nacional. Paseo de Recoletos, 20. 28001 Madrid.

Horario: de martes a sábado. 10:00- 20:00 h. Domingos y festivos: 10:00-14:00 h. Lunes cerrado.

Entrada gratuita.

Comisario: Adolfo Sotelo Vázquez.

 

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Tríptico San Antonio Abad El Bosco

El alma de los museos

Los museos del mismo modo que los seres humanos tienen alma. Su alma es diferente en cada caso como lo es su propia personalidad. Acogen y rechazan y exhiben una multiforme colección de sentimientos expuestos en las paredes de su propia piel. Los museos nos ofrecen lo mejor de sí mismos (y a veces lo peor) pero en cualquier caso tenemos que estarles muy agradecidos. ¡Cuánta belleza nos han ofrecido! ¡Cuánta cultura! ¡Cuántos sentimientos transmitidos en la mirada de sus personajes! ¡Cuántos anhelos! ¡Cuánto amor y cuanto dolor detrás de tantos lienzos!
En agradecimiento las instituciones han decidido declarar el 18 de mayo el Día Internacional de los Museos. Y también nuestras palabras que viven inmersas en el luminoso paraíso de este blog han decidido sumarse a esta celebración mundial. Por lo tanto y como regalo les ofrecemos la publicación de esta excepcional exposición que se celebra en el Prado en torno al prodigioso universo de Hieronymus Bosch, conocido como el Bosco.

EL BOSCO. Exposición en el Museo del Prado por su V Centenario.
31/05/2016 a 11/09/2016
Comisaria: Pilar Silva, Jefe de Departamento de Pintura española (1.100-1.500) y Pintura flamenca y Escuelas del Norte.

Esta importante muestra se ha podido llevar a cabo gracias a las numerosas obras de El Bosco que se conservan en el propio Museo del Prado y en distintas colecciones españolas. Por otra parte el rey Felipe ll de España adquirió muchas de sus pinturas años después de la muerte del pintor y esta es la razón de que en nuestro país se conserven un buen número de cuadros.

En esta exposición se pueden admirar sus trípticos más importantes, incluyendo el préstamo excepcional del Tríptico de las tentaciones de San Antonio del Museo de Arte Antiga de Lisboa y otras obras procedentes de importantes instituciones como el Albertina y Kunsthistorisches Museum de Viena, el Museum of Fine Arts de Boston, The Metropolitan Museum of Art de Nueva York, la National Gallery de Washington o el Louvre de París entre otros.

La muestra se divide en cinco secciones de carácter temático y una sexta dedicada a los dibujos. Además para comprender mejor el ambiente en que el pintor fue creando su propia obra se incluyen pinturas, miniaturas, dibujos y grabados a buril que reflejan su propio universo donde el pecado, el infierno y la expresión de la inocencia mantienen su propia contienda.

Seguramente las inciertas nieblas se apoderaron del cielo de Brabante allá por el año 1450 cuando vino al mundo un niño en ´S-Hertogenbosch, una localidad muy cercana a Amberes, un lugar por el que el gran artista siempre sintió una especial predilección. Pronto las nieblas se adentraron en su corazón y ya no le abandonaron nunca llenando su vida de plateados misterios puesto que no fechó ninguno de sus cuadros y tan sólo firmó alguno de ellos. En realidad se llamaba Jeroen van Aken y el nombre de Hieronymus Bosch se convirtió en su seudónimo. Eligió la última sílaba del nombre de su ciudad “Bosch” y así se le conoce en España como El Bosco.

El caso es que aquella criatura poseía una poderosa herencia genética ya que aunque su madre era la hija de un sastre, su padre se dedicó a la pintura y de hecho su abuelo se convirtió en el famoso pintor Jan van Aken, autor entre muchos cuadros de una Crucifixión excelente. El joven artista sin duda tuvo que respirar la atmósfera del gótico internacional que respondía a los intereses del mundo artístico que le rodeaba, todavía muy encerrado en sí mismo y claramente alejado del gusto flamenco expresado por ejemplo en la obra de Van Eyck. Sin embargo El Bosco desde sus primeros cuadros se interna con decisión por los caminos de una personalísima visión satírica del universo y de la humanidad y rompe con todos los estereotipos que se encuentra a su paso.

Los críticos están de acuerdo en situar sus primeras obras entre los años 1475 y 1480 y ya en la Extracción de la piedra de la locura plantea la temática que constituye el fundamento de toda su obra. Se descubre a un personaje con un enorme embudo en la cabeza que trata de penetrar con un cuchillo en el cerebro de un hombre mientras una flor surge de la herida y una anciana les contempla apaciblemente con un gran libro rojo sobre la cabeza. El Bosco plantea de un modo descarnado la debilidad humana siempre dispuesta a ceder ante el engaño en un espejismo constante. En este período el joven artista pinta también Los siete pecados capitales. En el centro se encuentra la figura de Cristo rodeada de rayos luminosos y a su alrededor la muerte y el infierno, el juicio y el paraíso, la gula y la lujuria, los elementos dramáticos que envuelven a la humanidad arrastrados por la desgracia del pecado en el entramado de una cosmovisión medieval donde sobrevuelan la brujería, la magia, y la alquimia como dantescas sombras que todo lo arrasan en la crueldad de una burla imparable. En realidad constituye una alegoría de los pecados de los hombres con un evidente contenido moral.

Pero no todo es una visión satírica del mundo. En 1478 es muy probable que el Bosco celebre su boda con Aleyt una dama de noble cuna y de gran riqueza. El pintor ya no se encuentra atado a las penurias económicas y goza de gran libertad para expresar su personal universo interior de tal manera que adquiere un lenguaje simbólico propio con una gran fuerza expresiva y un corrosivo sentido del humor. Son continuas las alusiones simbólicas y de carácter esotérico con un ardiente contenido mágico. Dos años más tarde entra a formar parte de la Cofradía de Nuestra Señora y en 1480 se convierte en un personaje notable, de tal modo que su vida social se desenvuelve en la esfera de la alta burguesía ciudadana.

Sin embargo la atmósfera religiosa y cultural se enrarece con las doctrinas de los creadores del grupo de Los Hermanos del Espíritu Libre. El Bosco conoce su pensamiento y a la vez las extendidas leyendas populares sobre el demonio y los espíritus malignos que envuelven al hombre así como la literatura mágica y alquimista. Esta corriente se extiende sobre todo por el norte de Europa y de modo especial se asienta en los Países Bajos creando tensos desequilibrios y planteamientos irracionales. En ese momento, y respondiendo a la inquietante situación que estaba viviendo, pinta un cuadro de gran transcendencia. Se trata de La nave de los locos, donde representa una escenografía absolutamente sarcástica en la que describe a los “folli gaudenti”, los locos alegres que simbolizan una alegoría del pecado. Según expresa R. Corti en “Los genios de la pintura” la fantasía de El Bosco recuerda la de las gárgolas y capiteles de los templos románicos y góticos; se trata de la “ridicula monstruositas” que el pintor no vacila en denunciar en su pintura describiéndola con el máximo sarcasmo y rigor.

En estos años El Bosco trabaja en una de sus obras más conocidas, es decir, el tríptico El carro de heno. En la parte posterior con el título “El camino de la vida” presenta a un vagabundo que vuelve la espalda al mal y a todas las perversiones que ha encontrado a lo largo de los caminos. La crítica lo ha considerado como una dura condena a la manifiesta locura del pecado. En la parte interna refleja las situaciones más dramáticas de la historia del mal en la humanidad, como la caída de los ángeles rebeldes, la expulsión de Adán y Eva del paraíso o las dramáticas escenas del castigo a los reyes.

En el panel central y como ilustración del proverbio flamenco: “el mundo es un carro de heno y cada uno coge todo lo que puede”, el Bosco representa el terrible engaño de los placeres de la tierra que tientan y extravían a un gran número de personas. Detrás de este simbólico carro de heno se agolpa una multitud de individuos de toda condición que se dejan arrastrar hacia el infierno guiados por monstruos que dirigen el carro. Para la realización de esta pintura el pintor se inspiró en un versículo de Isaías en el que se señala que “toda carne es heno y toda la gloria como las flores del campo”.

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Tríptico de San Antonio (detalle)

La desbordante imaginación de El Bosco se inclina poderosamente hacia el tema de la tentación que enfrenta al hombre consigo mismo en una continua sucesión de debilidades, pecados y victorias. Esta permanente tensión queda reflejada en el tríptico El jardín de las delicias. Aquí se representa, dentro de una esfera de cristal que simboliza la fragilidad del mundo, el globo terrestre en el tercer día de su creación. El Bosco desea plasmar la belleza y la armonía del universo antes de la aparición del hombre. Se trata de un maravilloso ensueño vegetal poblado de armoniosas y sorprendentes figuras que recorren el espacio adentrándose en la tierra. Sin embargo en el papel central el pintor despliega toda su fuerza creativa y su portentosa imaginación en un entorno cargado de magia donde aparecen desnudos femeninos y masculinos en una desbordante vegetación poblada de monstruosas figuras. “Así surgen montañas fantásticas con relieves insólitos, señala R. Corti, atravesados por tubos de cristal, fresas inmensas, rojos madroños, cerezas simbólicas y el búho de grandes ojos sobre una rama que atrapa a dos seres humanos cuya cabeza y busto se hallan en el interior de un encarnado fruto. Parece el sorprendente estallido de una tormenta surrealista”.

¿Por qué El Bosco utiliza toda esta simbología? Lo cierto es que totalmente contrario a las doctrinas hedonistas de los adamitas plantea con toda su crudeza el castigo de los pecados carnales apoyándose en leyendas, proverbios populares y la imaginería esotérica. Para ello se sirve de tonos cromáticos dominantes como el rojo y el rosa, los brillantes colores del amor y en la alquimia el último estadio de la transformación. De igual modo recurre al color del mal representado en las distintas tonalidades del azul.

En cualquier caso cada vez adquiere una mayor perfección técnica como se observa en el Tríptico de las tentaciones de San Antonio, donde el pintor consigue llenar de fuego un espacio fantástico, en el que en diversos planos, se van sucediendo los sueños del santo entre la dimensión de las fuerzas demoníacas. Pero a pesar del torturado espacio que se presenta, surge sin embargo un gran equilibrio en la composición de los elementos arquitectónicos y paisajísticos y un sosegado ritmo interior en las figuras. De hecho su pintura se va transformando al mismo tiempo que el pintor, en su madurez, atraviesa una crisis espiritual. Su fama ya se ha consolidado y tiene no sólo grandes admiradores, sino también imitadores, lo que todavía provoca numerosos problemas entre los expertos en cuanto a la autoría de sus obras. La realidad es que adquirió una gran popularidad en la corte de Madrid. Es en 1510 cuando pinta la Coronación de espinas donde las figuras secundarias en contraste con la serenidad del rostro de Cristo, constituyen para el espectador una auténtica lección, ya que en su fisonomía se reflejan todas sus pasiones.Sin embargo la obra maestra de El Bosco se puede considerar el Tríptico de la Adoración de los Magos que junto con el Cristo con la cruz constituyen sus últimas pinturas. “Esta escena, según refiere Corti, constituye una impresionante visión de la miseria humana, representada por los rostros violentos y deformes del pueblo que rodea al Salvador. En el centro destaca la figura de Cristo, que, con los ojos cerrados, expresa una resignación y una decisión inquebrantables. Y con esta obra, donde el bien y el mal se enfrentan de nuevo en su pintura de un modo tan palpable, concluye en 1516 la vida de Hyeronymus Bosch”.

Y ahora, después de la dimensión de los 500 años que nos separan, el mundo se rinde ante la genialidad de su obra.

El arte vivo

El Bosco en el Museo del Prado

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El arte vivo

Zaha Hadid y sus volúmenes de eternidad

Zaha Hadid

No era más que una niña que desde la inmensidad de sus ojos oscuros contemplaba con profunda atención aquel cielo de Bagdad cuajado de nubes superpuestas que parecían descomponerse en asombrosos diseños de estratos siderales. Su curiosidad sin límites se perdía en mil preguntas. ¿Qué había detrás de aquellos volúmenes que se esparcían y se distorsionaban en mil formas? Cuando descubrió el mundo por primera vez aquel 31 de octubre de 1950 nadie de su familia podía sospechar que toda su vida se iba a orientar hacia la materialización de aquellas formas, hacia la descomposición de sus curvas, mientras recorría sus propios caminos arquitectónicos marcados por poderosas proyecciones neofuturistas.

En Beirut estudió Matemáticas en la Universidad Americana y pudo encontrar las respuestas que necesitaba en los grandes espacios de la razón y de la lógica pero los sueños de las formas le perseguían. Decidió matricularse en la Escuela de la Asociación de Arquitectura de Londres y la proyección de su trabajo en todo el mundo hizo que se convirtiera en una de las profesionales de la arquitectura más destacada del siglo XX. De hecho su trabajo ha sido reconocido con el “Premio al mérito del trabajo de toda una vida” que otorga el Instituto Real de Arquitectos Británicos.

Su gran proyección en el mundo de la arquitectura desde las raíces del constructivismo tuvo lugar a partir de 1980 cuando estableció su propia empresa de diseño en Londres donde residía de modo habitual y donde se nacionalizó. Se le ha considerado como una vanguardista valiente y radical y Hadid, que ganó el Premio Pritzker de Arquitectura, fue especialmente admirada por el diseño de la Ópera de Guangzhou en China en 2010 o por la Sackler Gallery, uno de los edificios más originales que se pueden contemplar en Londres.

Cuando llegó a Bilbao a contemplar el Guggenheim quedó absolutamente asombrada por sus formas, su equilibrio de barco gigantesco varado en tierra firme o el vuelo de sus gigantescos pétalos de titanio abriéndose al ritmo de flor. Confesó que le había impresionado tanto que incidió de un modo notable en su propio lenguaje artístico.

La realidad es que cuando en 2012 le propusieron la Presidencia de Honor de Bilbao Art and Fashion aceptó la propuesta de inmediato al considerar que estaba siempre dispuesta a apoyar la nueva proyección artística de los jóvenes diseñadores.

El pasado 31 de marzo Zaha Hadid pudo contemplar por última vez el cielo de Miami cuajado de aquellos misterios perfilados por el asombro de las luces que envolvieron su infancia. Y mientras el mundo del arte descubre el enorme vacío que ha dejado su ausencia en ese gran salto de la vida hacia la muerte ella podrá al fin introducirse en la maravillosa explicación de los grandes volúmenes que se adentran en la creación de la eternidad.

Fotografía: ©Simone Cecchetti y ©Bjarne Liboriussen (con modificaciones)
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