Pensamientos y sentimientos

Ha nacido Meritxell

Es el largo vuelo de un águila. Desde los cielos de Castilla en una aldea perdida antes de la guerra civil hasta los rascacielos de Nueva York, cinco generaciones de mujeres de la misma familia y que llevan el mismo nombre se abren camino en la vida profesional y consiguen llegar a las cumbres más altas, como lo demuestran una catedrática de Ciencias clásicas en Caracas, una bailarina de ballet en París o una brillante antropóloga de Nueva York. El ganador del premio Cervantes Jiménez Lozano ha de nido esta novela como “fascinante”; la tragedia, el drama de la guerra, la hondura de la pasión, la búsqueda de la propia libertad, el amor y una gran dosis de humor, con guran un argumento igual de deslumbrante que el desarrollo del papel de la mujer en España.


“Una historia con hálito de antigua tragedia, narrada con un estilo absolutamente reluciente para descubrir sucesos muy simples y cotidianos, un tiempo de saga familiar con un desgarro y un dorado fascinante.”
José Jiménez Lozano, Premio Cervantes

 


Rosa María Echeverría nació en Bilbao, donde vivió hasta que se instaló en Madrid para comenzar su carrera profesional. El entorno de la naturaleza, la belleza de los montes y de los grandes bosques han servido de marco a su obra literaria. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra donde, años más tarde, impartió clases de Literatura. Ha llevado a cabo una brillante carrera periodística en distintos medios, en los que sobresalió principalmente por las grandes entrevistas políticas, con un formato muy personal y un destacado perfil literario, en momentos muy difíciles para España.

Ha realizado entrevistas a los personajes internacionales más importantes y ha hecho reportajes en profundidad sobre aquellos temas candentes de la actualidad en distintos lugares del mundo.


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Pensamientos y sentimientos

Sí, si hubo víctimas

Mientras en el suelo de cemento de las Ramblas se conservan todavía los ojos iluminados de las víctimas del terrorismo yihadista alumbrados por el fuego de las estrellas, mientras se mantiene la pálida luz de sus últimas miradas, mientras no hubo para ellas un lugar seguro en el recuerdo ni en la memoria de las banderas políticas que parecían estandartes de la desolación, nos encontramos ahora envueltos entre las nubes de nuevas oscuridades observando con asombro como los bellísimos horizontes de Cataluña se han transformado de pronto en ese gigantesco circo que conseguía hacer crecer y crecer nuestros sueños de la infancia.

Nos encontramos ahora en este reino de la mentira y de la farsa, en un programado circo mediático que encubre insospechadas fortunas, conocidas y desconocidas, pertenecientes a estos personajes políticos que tragan sables y que despliegan sus condiciones de domadores frente a narcotizados leones que apenas se atreven a rugir. Se trata de personajes peligrosos disfrazados de tiernos payasos que nos hacen reír y llorar al mismo tiempo.

Sí, si hubo víctimas en este territorio pantanoso del engaño. Españoles contra españoles, catalanes contra catalanes en una insólita guerra de banderas y de sentimientos. Hemos contemplado una confrontación patética en el pequeño teatro de la falsa historia donde los protagonistas más desvalidos fueron los niños. Entre tantas coacciones ellos han asistido indefensos a constantes y programadas sesiones de adoctrinamiento sin que ninguna autoridad dedicada a la defensa del menor haya levantado una sola mano para impedirlo, ellos han tenido que sufrir el acoso constante de compañeros y sus permanentes insultos ante la pasividad de los profesores.

Sí, si hubo víctimas, demasiadas víctimas y cada una de ellas se convierte en una herida que configura la dimensión de un cuerpo enfermo.

En contraposición y haciendo gala de un desternillante sentido del humor un grupo de jóvenes ha comenzado a lanzar mítines desde un balcón del selecto barrio de Balmes de Barcelona. Las redes sociales y las distintas cadenas televisivas han contribuido a que esta revolución del Balcón o como ellos le llaman la Contrarrevolución de la sonrisa se haya convertido en una inmensa carcajada nacional.

Los fundadores de esta broma genial aseguran que su objetivo consiste en crear una confederación de balcones pero como no tenían claro si lo iban a conseguir con los de la derecha o los de la izquierda lo decidieron en un referéndum que constituye una divertida réplica de los acontecimientos que se viven en toda Cataluña. Incluso cuentan con un observador internacional procedente de otro balcón situado en una calle posterior con objeto de que no tener problemas con el recuento. Este observador declaró nula una papeleta. Su meta era conseguir un millón de votos pero lograron alcanzar los dos millones con la excepción del voto anulado. Sin embargo como todos ellos son catalanistas y españoles y por lo tanto expresan siempre la verdad se enfrentan a una compleja situación. En realidad no llegan a ser veinte personas. ¿Qué ha sucedido?

Todo ello se transmite a los desesperados vecinos partidarios de la independencia en ardientes mítines y con un cuidadoso montaje de altavoces y bafles consiguen introducirse en el mundo de los sueños al ritmo sutil de Manolo Escobar cantando “!Que viva España!”. Y en otros momentos mientras la luna ensaya palmas de oro entre las nubes se lanzan a exaltar la actuación de los agentes del orden mientras las notas del himno de la guardia civil resbalan entre las tejas y se introducen con precisión de fantasmas en todas las chimeneas. “Viva España, viva el Rey, viva el orden y la ley”.

Se trata de una inmensa broma nacional, según afirman sus jóvenes autores, hartos de escuchar caceroladas y decididos a salir del armario con la risa a flor de piel. Claro que como reflexionaba Churchill “una broma es una cosa muy seria” y Aristóteles, el mago de la razón llegaba a señalar que “el secreto del humor es la sorpresa”.

Ese grito juvenil se sigue escuchando todavía entre las carcajadas de la noche: “Estimados vecinos del Barrio. ¡Viva la resistencia de la calle Balmes!”

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Pensamientos y sentimientos

No, no hubo víctimas

En homenaje a tanto amor y a tanto dolor como todos pudimos contemplar en los dramáticos sucesos de las Ramblas de Barcelona.


El cielo de Praga pintaba
dibujos infantiles
con orlas azules de añil
asomado a las aguas del Moldava
y en España la sangre
se desangraba en sangre
cuando los chirridos de la vida
silbaban como el viento
en el calor de los neumáticos.

Yo te esperaba en el árbol amarillo,
en el árbol de siempre
junto a la esquina
del puente Carlos
y supe que morías sin saberlo
cuando sentí tu nombre
atravesado en letras rojas
sobre la piel de mi conciencia.

En ese momento
tan largo como un ensueño
pensaba en ti, Sergei,
en tus brazos de hierba,
verdes como ramas,
en la amorosa estructura de tus venas
abiertas a la creación del mundo.

Y vi el amor en tus ojos
volviéndose charco
volviéndose ternura inusitada
entre alaridos de olas
que recogían
los últimos silencios.

En las Ramblas te esperaba
tu primer trabajo
y el último de tu vida
en tu silencioso existir.

Llegué a buscarte
y te encontré en una caja.
Tu madre lloraba,
lloraba como yo misma,
con el amor de una amante
que es madre al mismo tiempo.

Sonaban campanas perdidas
huyendo como gaviotas.
Esperé y esperé
entre llamaradas de fuego
ardiendo de dolor
hasta volver a encontrarte
en el abrazo final
de aquel homenaje
que todos necesitábamos.

Pero allí no hubo víctimas.
Solo banderas
enjugando las lágrimas,
solo gritos de consignas
envolviendo a las palabras
de íntimo consuelo.

No pudiste volver a vivir.
No pudiste resucitar, Sergei,
ni sentir la caricia
de unos instantes de compasión
y de reconocimiento.

Las víctimas también murieron
en una doble muerte.
Mientras el dolor se volvía nube,
un tembloroso misterio
entre los brazos de la música
de ese hombre eterno
y celestial que fue Pau Casals.

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El arte vivo

La puerta abierta a la belleza

Colección Alicia Koplowitz
Museo de Bellas Artes de Bilbao
Grupo Omega Capital.
Del 28 de julio al 23 de octubre

 

Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828) Maja y celestina al balcón 1810-1812. Óleo sobre lienzo. 166 x 108 cm © Colección Alicia Koplowitz – Grupo Omega Capital

Una luz con transparencia de nubes nos envuelve. El Museo de Bellas Artes de Bilbao extiende sus brazos de cristal meciéndose con ritmo de barco en ese encuentro asombroso con la belleza. Por primera vez descubrimos horizontes inéditos, maravillosos cuadros y esculturas nunca vistos en una exposición marcada por el ímpetu de la sorpresa.

No cabe duda de que Alicia Koplowitz ha formado a lo largo de las últimas décadas una de las colecciones artísticas europeas más relevantes. En esta ocasión verdaderamente única podemos contemplar noventa lienzos y esculturas desde el siglo XVl hasta el XX en una visión auténticamente cosmopolita formada por artistas españoles y extranjeros. Un inteligente planteamiento en el que ha intervenido de modo decisivo Almudena Ros de Barbero, conservadora de la colección y comisaria de la exposición.

La alternancia entre pintura y escultura y entre figuración y abstracción mantiene el necesario punto de equilibrio para conseguir que este recorrido por el mundo del arte se convierta en una experiencia vital en el diafragma de sensaciones que nos envuelven. De modo especial se ha intentado y se ha conseguido que la mujer tenga un papel determinante en esta bellísima historia, bien como protagonista de gran parte de estas obras o como su realizadora.

En este sentido entiende Alicia Koplowitz su papel:
“El coleccionista es aquella persona que trata de hacer perdurar los distintos hitos de su vida a través de los objetos que va guardando; desde las más humildes colecciones hasta las más fabulosas y deslumbrantes, pienso que todas tienen ese sentido”.

Datos de interés

Amedeo Modigliani (1884-1920) La Rousse au pendentif. (La pelirroja con el colgante), 1918. Óleo sobre lienzo. 92 x 60 cm. © Colección Alicia Koplowitz – Grupo Omega Capital

El Museo de Bellas Artes de Bilbao y Petronor presentan por primera vez en nuestro país la exposición Colección Alicia Koplowitz – Grupo Omega Capital, una de las más destacadas colecciones artísticas privadas europeas.

Las 90 piezas que forman la exposición ofrecen un recorrido por la historia del arte a través de maestros de todas las épocas, en donde destacan la escuela española –Pantoja de la Cruz, Morales, Zurbarán, Arellano, Paret o Goya–, el vedutismo italiano –Guardi, Canaletto–, el posimpresionismo francés –Van Gogh, Gauguin y Toulouse-Lautrec– y el arte contemporáneo –con pinturas de Picasso, Juan Gris, Antonio López, Millares, Tàpies y Barceló, en el arte español, y de Mondrian, Modigliani, Van Dongen, Schiele, De Kooning, Fontana, Rothko, Bacon, Freud, Warhol, Twombly o Kiefer en el contexto internacional–. El capítulo contemporáneo se completa con esculturas de Gargallo, Julio González, Oteiza, Chillida, Calder, David Smith, Giacometti, Louise Bourgeois, Donald Judd o Ai Weiwei.

La exposición

Como indica el profesor Francisco Calvo Serraller el recorrido expositivo ofrece un repaso a la historia del arte occidental –que se inicia en la Antigüedad clásica y termina en nuestros días–, que no se ordena por sus principales periodos y maestros, sino a través de una selección guiada por el gusto artístico de la coleccionista.

Juan Pantoja de la Cruz (1553-1608) Retrato de doña Ana de Velasco y Girón, duquesa de Braganza, con traje de corte, 1603. Óleo sobre lienzo. 103 x 82 cm. © Colección Alicia Koplowitz – Grupo Omega Capital

El itinerario se divide en nueve apartados: “La persistencia del ideal clásico”, “El Siglo de las Luces”, “Vida privada, vida pública”, “París, cambio de siglo”, “Nuevos caminos en el arte de entreguerras”, “Materia, gesto, mancha”, “Figuraciones”, “Informalismos y abstracciones” y “Epílogo”.

Tomando como punto de partida la escultura grecolatina, pone de relieve un mayor interés por las épocas moderna y contemporánea y, sobre todo, por los siglos XVIII y XX. Temáticamente se aprecia una especial sensibilidad hacia la iconografía femenina, que se origina, precisamente, en la estatuaria de Afrodita y continúa, como un hilo conductor, a lo largo de las diversas épocas y géneros artísticos.

De este modo se entienden, entrando ya de lleno en el arte español de los siglos XVI y XVII, la pintura de corte de Juan Pantoja de la Cruz –Retrato de doña Ana de Velasco y Girón, duquesa de Braganza, con traje de corte– o las maternidades en clave religiosa de Luis de Morales –Virgen vestida de gitana con el Niño del aspa– y Francisco de Zurbarán –La Virgen con el Niño Jesús y san Juanito–. Dentro de la pintura del siglo XVII destaca también el género del bodegón, con el suntuoso Cestillo de flores de Juan de Arellano.

En el siglo XVIII Goya adquiere protagonismo indiscutible con cuatro obras que muestran los variados intereses del genio aragonés: la escena de bandoleros Asalto a la diligencia, la mitológica Hércules y Ónfala, el delicado Retrato de la condesa de Haro y Maja y celestina al balcón, ejemplo del casticismo goyesco. El gusto por lo popular se manifiesta también en otros pintores coetáneos y en otras derivaciones temáticas, como las escenas costumbristas de Lorenzo Tiepolo o la pintura galante de Manuel Camarón y de Luis Paret y Alcázar.

Luis Paret y Alcázar (1746-1799). Baile popular en la puerta. de una taberna, h. 1770-1775. Óleo sobre lienzo. 40 x 53 cm. © Colección Alicia Koplowitz – Grupo Omega Capital

También en este mismo siglo destaca otro género, el de la pintura de vistas, que se vuelve paradigmática en la obra de los venecianos Francesco Guardi y Canaletto, topográfica en las dos panorámicas de Antonio Joli, y “ruinista” en las composiciones del francés Hubert Robert. Más original es la presencia de Pietro Antonio Rotari, que caracteriza en sus lienzos a cuatro jóvenes acentuando sus expresiones anímicas.

El siglo XIX está representado por un refinado cuadro de Raimundo de Madrazo y, sobre todo, el posimpresionismo francés con obras de Gauguin, Toulouse-Lautrec y Van Gogh; este último con una naturaleza muerta. Dentro de las primeras décadas de la vanguardia parisina y el expresionismo austriaco el fauvista Kees van Dongen, Egon Schiele y Amedeo Modigliani continúan la inclinación de la coleccionista por la representación de la figura femenina.

Con casi cincuenta piezas, el siglo XX es otro de los núcleos esenciales de la colección y constituye la mitad de la selección de las obras de esta exposición. De ellas, más de un tercio se corresponde con artistas españoles de relevancia internacional. Sobresalen pinturas de Picasso –con dos óleos y un dibujo, pero también con una pequeña escultura en metal pintado–, Juan Gris y Luis Fernández, que en parecidas fechas vivieron junto con los escultores Pablo Gargallo y Julio González la efervescencia de la vanguardia histórica en París. La obra de Julio González –una escultura en hierro forjado y su dibujo preparatorio– encuentra su relación natural en las posteriores realizaciones de Alexandre Calder y David Smith.

Vincent van Gogh (1853-1890). Nature morte, vase avec oeillets. (Naturaleza muerta, jarrón con claveles), 1890. Óleo sobre lienzo. 41x32cm. © Colección Alicia Koplowitz – Grupo Omega Capital

Ya en la década de los años cuarenta, el itinerario de la muestra resume muchas de las inquietudes del arte español de la época en las pinturas de Antonio López, Manuel Millares, Antoni Tàpies; y ya durante los años setenta en la de José María Sicilia, y en la pujante escultura vasca del periodo, magníficamente representada con obras de Jorge Oteiza y Eduardo Chillida. Finalizando el siglo, se exponen dos cuadros de gran formato de la década de los noventa de Miquel Barceló y una escultura de Juan Muñoz del año 2000.

Mark Rothko (1903-1970) No. 6 (Yellow, White, Blue over Yellow on Gray) (N.º 6 [Amarillo, blanco, azul encima de amarillo sobre gris]), 1954 Óleo sobre lienzo. 240 x 151,8 cm © Colección Alicia Koplowitz – Grupo Omega Capital

En el arte europeo de mediados del siglo XX la vertiente figurativa se concreta en las estilizadas esculturas de Germaine Richier y Alberto Giacometti, y en los desolados retratos de los pintores Lucian Freud y Francis Bacon. El único ejemplo de arte pop es un icónico autorretrato de Andy Warhol.

Por las mismas décadas, la pintura de Nicolas de Staël ofrece el contrapunto abstracto que, en diversos ejemplos, va trazando un camino propio en la colección: el neoplasticismo de Piet Mondrian, el espacialismo de Lucio Fontana y las expresiones en clave minimalista de Frank Stella, Donald Judd, Agnes Martin o Blinky Palermo, y la “abstracción musical” de Fausto Mellotti son ejemplos relevantes de esta expresión.

Por su parte el expresionismo norteamericano incluye nombres tan significativos como Willem de Kooning y Mark Rothko y, en la siguiente generación, Cy Twombly, que extiende su influencia hasta Anselm Kiefer.

Precisamente de Kiefer es la pintura más reciente de la colección, fechada en 2014. Otros nombres del arte más reciente como los de Louise Bourgeois o Ai Weiwei forman parte del enriquecedor epílogo de la exposición.

 

 

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Imágenes que susurran

El desierto de la libertad

Fotografía: Bea López. Tratamiento en 3D. Programa Cinema 4D. Instagram: @tatizota

Los problemas gravitan como pájaros ceñudos sobre nuestras cabezas mientras las incertidumbres se vuelven nubes de tormenta en el corazón. Millares de personas viven condenadas a arrastrarse por la vida como sombras patéticas perdiendo en cada esquina de la vida su condición de seres humanos, amenazados en cada momento por los latentes latidos de muerte del terrorismo yidahista. Como un quejido resuena en nuestros oídos el lamento de ese gran poeta y ensayista sirio, Adonis Ali Ahmad Said, nacido en Beirut y uno de los intelectuales más brillantes y premiados de su país. Ahora frente a las masacres y el horror que le envuelven no puede evitar su dramático sentimiento: “La muerte ha cambiado la forma de la ciudad. Esta piedra es la cabeza de un niño y este humo es un suspiro humano”.

Ahora mismo en los países árabes la inmensidad del cielo se ha convertido en un desierto y el desierto en un canto de arena a la llamada de la libertad. Hace un tiempo fui a descubrir mi propio desierto y a contemplar la mágica llamada de la historia bajo el resplandor de un sol milenario. Aterricé en la isla de Djerba que parecía señalar con sus blancos brazos la mágica dimensión del desierto en las distancias del sur.

 

La Torre de los Cráneos

Esta pequeña isla constituye un prodigio de continuas maravillas iluminadas por la transparencia de una luz húmeda y cristalina que parece trepar por las palmeras y extenderse entre los viejos olivos. Aquí llegó Ulises, rey de Itaca y al desembarcar, según se describe en la Odisea, sus hombres se encontraron con sus habitantes, los lotófagos, que solo se alimentaban de la planta del loto. Los marineros probaron aquella hierba y perdieron la conciencia, sumidos en la dimensión de los sueños. Ulises tuvo que llevarlos atados a la nave y salir corriendo para poder liberarse de aquel hechizo ante el que han sucumbido millares de turistas.

Muy cerca del mar se encuentra la fortaleza de Bordj El Kebir, conocida como el Fuerte español. Allí, en 1560, el corsario turco Dragut, que sirvió a las órdenes de Barbarroja y de Solimán, derrotó a la expedición que Felipe ll confió al Duque de Medinaceli. A todos se les cortó la cabeza, en esta tierra donde la violencia forma parte de la propia existencia, y con ellas se formó una terrible torre conocida como “Torre de los Cráneos”, que tenía 30 pies de alto. Probablemente se trataba de 6.000 cabezas. Con ellas murió para siempre la presencia de España en estas idílicas costas. Esta patética pirámide permaneció levantada tres siglos para ejemplo de futuros invasores hasta que fue demolida en 1848.

 

El rumbo de los castillos del desierto

Pero el sol baila de nuevo danzas luminosas de vida sobre un puente romano de seis kilómetros que une la isla con el continente y el desierto hacia Tataouine, importante centro administrativo, aunque su nombre encierra todavía registros dramáticos ya que se convirtió en un lugar de castigo para los miembros de la Legión francesa sentenciados a muerte. Tras cruzar Ezzahara (Sáhara) se llega hasta Medenin, ciudad famosa por sus “ghorfas”, construcciones abovedadas del siglo XVll, una especie de graneros que servían también como viviendas de las tribus nómadas bereberes. Sus líneas onduladas de color siena, igual que olas emergiendo de la propia tierra en una marea insólita, apoyándose unas en otras, forman sinuosas estructuras. Esta es la región de los “ksar” o castillos del desierto, agrupamientos formados por distintas “ghorfas”, entre cien o cuatrocientas. Son construcciones fortificadas que se edificaban en lo alto de rocosos montes y que en tiempos de paz servían de lugar de encuentro entre tribus nómadas.

Cuando empieza a ponerse el sol desde lo alto de la montaña de Boukornine, la vista sobre el valle de Tataouine emergiendo entre los resplandores de sombras anaranjadas, produce una especie de íntimo sosiego. Bajo nuestros pies el monte se encuentra totalmente horadado por una mano de hierro, consumido por espectros de muerte que vagan por los pasillos que lo atraviesan de parte a parte. Todavía desde fuera se pueden contemplar los nidos de ametralladoras de aquellos violentos combates de la Segunda Guerra Mundial. Siempre el horror de la muerte junto a la desmesurada dimensión de la belleza.

 

Los nómadas y sus lunas de libertad

Las montañas cónicas del sur de Gabes con sus perfiles recortados en vigorosas siluetas rodean como guerreros recién surgidos de la tierra la región de Matmata, donde sus habitantes bereberes se alojan en viviendas trogloditas. Pero si los berebere viven en el interior de la tierra, los nómadas duermen sobre la arena sintiendo la cercanía de las estrellas que se descuelgan entre las rendijas de las jaimas. Aquí en la Nefzaua vive la tribu de los marazigos. Muy cerca de la carretera surgen entre la nada dos jaimas confeccionadas con pelo de camello y de cabra, como si un pájaro inmenso con las alas del color de las montañas se hubiera posado en el suelo.

Nos acercamos a saludarles porque allí viven dos familias. Las mujeres sonríen y nos ofrecen leche de cabra y el tradicional té verde. Pasan los inviernos en Douz en sus casas pero en primavera ya empiezan a sentir la llamada de la libertad y plantan sus tiendas allí donde encuentran pasto para sus cabras y ovejas. Nos explican que permanecerán aquí dos meses. “Tenemos cuarenta y cinco lugares diferentes para vivir”, comentan riendo. Su vida está llena de sol y de viento y sin tener nada, todo lo poseen. “¿Es que hay en el mundo algo más hermoso que la naturaleza? ¿Algo mejor que la noche del desierto? ¿Algo más distraído que contemplar las estrellas? En Douz tenemos televisión, pero siempre la desconectamos. No nos gusta”.

Cuando ya nos vamos a marchar aparece el dueño de una de las jaimas. Se trata de un auténtico personaje. Delgado como un junco, con un turbante blanco y un sombrero de paja para resguardarse del estallido de la luz. Su capa de color mostaza le rodea flotando con la suavidad de una vela. Parece un patriarca bíblico que guarda celosamente las reglas de una ancestral hospitalidad. Todo en él es distinguido y solemne. Nos explica que pertenece a la Sahara M´Razig, la tribu más antigua. Insiste con gran amabilidad que sería un honor para ellos que les acompañáramos a cenar. Seguramente encenderán una fogata y cuando la arena esté muy caliente introducirán en ella la carne envuelta en hojas de palmera y prepararán el pan o “mtabga”.

Pero nos tenemos que marchar y ofrecemos unas monedas a los niños. El patriarca nos brinda una última lección. “No es bueno enseñar a los niños a tener dinero sin trabajar. Eso crea malos hábitos”.

 

 

Un arco blanco con forma de puerta

Todos se despiden de nosotros bajo un cielo plateado de sol y poco después ya llegamos a Douz. De pronto nos encontramos debajo de un gran arco blanco que constituye la puerta del desierto, ya que el Sáhara debe de ser el único desierto que se encuentra custodiado por una simbólica puerta. En efecto, al otro lado surgen las blanquísimas siluetas del Gran Erg buscando las sombras de las palmeras, mientras los turistas a golpe de camello arrasan con la primera visión inocente de la naturaleza. Y entre las dunas, entre la blanquecina visión de un horizonte de arena poblado de libertad, se sigue escuchando la voz de Ali Ahmad Said: “Ahora soy un espectro que vaga por un desierto y acampa en una calavera”.

El Chott El Jerid recuerda una inmensa estepa nevada, una llanura de 250 kilómetros formada por una aglomeración de cristales de sal que produce reverberaciones luminosas y espectrales. En invierno se transforma en un inmenso lago salino con horizontes de mar. Ahora no es más que una llanura de sal y sol que arranca deslumbrantes brillos de espejo. Es la laguna sagrada, origen de numerosas leyendas fantasmagóricas, el legendario lago Tritón citado por Plinio y Heredoto. Cuando la temperatura sobrepasa los 30 grados, los espejismos flotan en su superficie con cadencia de espectros. Mientras lo contemplamos el horizonte se vuelve bosque con ramas como espadas.

 

En el cielo solo hay agujeros llamados estrellas

Y a pesar de la sanguinaria violencia que nos envuelve las esperanzas se afianzan como flores de arena en las orillas de tantos dramas. Si cierro los ojos sigo contemplando el reflejo de aquel luminoso desierto en momentos irrepetibles, sobrecogidos por una luz de eternidad. Por ejemplo aquel amanecer entre las dunas derramando cárdenos reflejos que nos otorgaban apariencia de fantasmas, mientras en la piel de la arena observábamos con asombro la belleza de un enorme tapiz. Sus autores, auténticos artistas, habían trabajado durante toda la noche para ofrecernos la suprema esencia del expresionismo abstracto. Dibujos, signos esotéricos, delicados pentagramas enredados entre las siluetas de minúsculas estrellas. Lo habían confeccionado minuciosamente los insectos, los pequeños roedores, los blanquecinos escorpiones y los oscuros pájaros de la noche.

Finalmente la luna del desierto se abre camino en un cielo sin fronteras. Una luna estática, dorada, de una sobrecogedora intensidad, que poco a poco va iluminando las esquinas de cemento de nuestra propia existencia.

Ahora mismo las cercanas bombas se abren camino en el horror de las noches vecinas y las mujeres, que no tienen la libertad de contemplar el mundo, se arrebujan en sus burkas, mientras los versos del poeta se vuelven voz en el aire: “Caminos de sangre, los evocaba un niño y su amigo le susurraba: No hay en el cielo sino agujeros llamados estrellas…”. Y sobre el estallido de la oscuridad vuelve a nacer el dolor.

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La historia de Patronio 81

¡Te descubrí Patronio 81! Recorriste mil caminos digitales sembrados de hierba, te lanzaste por cascadas y precipicios electrónicos en caída libre, te introdujiste sin avisar en el corazón más íntimo de los ordenadores ¡y de pronto! atravesaste como una flecha la realidad de la pantalla hasta llegar a las arterias de mi propio corazón.

Te vi casi nacer Patronio 81 y casualmente eras mi vecino de enfrente. Un niño de una vitalidad y energía asombrosa que crecía a una velocidad de vértigo hasta llegar a convertirse en una especie de árbol con las raíces de los pies en forma de dedos. Cuando cumpliste dos años y empezaste a llamarme “Tía Sosa” (el término rosa plantea muchas dificultades expresivas) surgió entre nosotros una hermosa historia de amor. Es verdad que yo tenía 30 años y tú solo un par de ellos pero contemplando la propia historia del presidente francés ahora podemos comprobar que la diferencia de edad no parece constituir un inconveniente serio.

El caso es que me seguías por todas partes como un guardaespaldas defendiendo mi integridad y llegó un momento en que ambos suspirábamos por encontrarnos en el rellano de la escalera. Me hacías regalos prodigiosos. Me grababas películas que sospechabas que me podían interesar eliminando por tu cuenta aquellas escenas que tus padres consideraban inconvenientes para ti (y por lo tanto para mí) y al mismo tiempo yo te distinguía con exquisitos favores. Vivíamos rodeados de una banda de criaturas cuya principal actividad consistía en destruirse unos a otros a base de terribles batallas de piñas y tú, Patronio 81, te convertiste enseguida en un héroe. Como recompensa te permití que fueras el único que podía lavarme el coche, incluidas las ruedas, y esta elección provocó un auténtico cataclismo entre los chiquillos del vecindario que cada vez te contemplaban con mayor admiración (y envidia).

Un día vivimos un acontecimiento que nos dejó marcados a todos. Absolutamente ninguno de los vecinos que nos rodeaban permitía a sus hijos tener un perro. Se trataba de un tema central que causaba profundos desasosiegos entre la infancia. Ninguno podía comprender esta bárbara reacción de los adultos pero estaba claro que nunca consideraron que yo misma podía formar parte de este gremio. Lo cierto es que un día, Patronio 81, me hiciste penetrar en esa burbuja de cristal que constituía el mayor de los secretos. Para entonces tendrías ya alrededor de siete años y te habías convertido en el portavoz de aquella maravillosa banda de chiquillos. Me hiciste prometer que jamás, ¡jamás! iba a contar ese secreto a nadie y durante décadas lo guardé celosamente hasta hoy cuando ya has dado un salto mortal en este trampolín digital y si lo hago es porque ambos continuamos abrazados a las sombras anónimas de la existencia.

Lo cierto es que por vuestra cuenta y riesgo habíais adoptado un perro. Un perro grande y tristemente solitario que deambulaba entre lágrimas por la calle. Durante horas seguisteis su rumbo hasta poder certificar su desamparo. Así que entre todos decidisteis proporcionarle un hogar confortable donde se sintiera lo suficientemente querido como para poder superar la tragedia de su brutal abandono. Comprendí entonces como en los versos de Miguel Hernández que te sobraba el corazón Patronio 81 y pensé en ellos y en ti. “Hoy estoy sin saber yo no se cómo, hoy estoy para penas solamente, hoy no tengo amistad, hoy sólo tengo ansias de arrancarme de cuajo el corazón y ponerlo debajo de un zapato”.

El caso es que en un cobertizo abandonado le organizasteis una auténtica suite perruna. Uno llevó un cojín de terciopelo que le sirvió de almohada y que contribuyó a que toda su familia pasara una semana entera acusándose unos a otros de su pérdida. Otro ofreció su propia sábana doblada y alguno más se desprendió de su chubasquero. Incluso le bañabais con una palangana y le secabais con vuestra propia toalla.

Entonces es cuando me planteaste vuestro auténtico problema, que como siempre suele suceder, correspondía al género alimentario. Al principio cada cual hacía acopio de víveres de su propio plato sin que sus madres se dieran cuenta pero ya se sabe que las madres parecen detectives privados y esta fórmula se desechó para evitar mayores males. No quedaba otro remedio que solucionar el problema con la aportación de sus míseros ahorros mientras que su animal protegido pesaba ya más que ellos mismos. Según me confesaste, Petronio 81, los alimentos los adquiríais en un supermercado cercano que en el ranking de los establecimientos de este género tiene el honor de situarse en el primer puesto entre los más caros de España. Y claro está, hay que comprender que el animal tomaba dos platos y postre más la merienda y la cena. En fin, teníais la certeza de que no paraba de comer y ya no sabíais como solucionar esta grave situación.

Así que un día, con gran seriedad, me pediste ayuda para poder adquirir ese arsenal de alimentos. Eso sí, me insististe una y otra vez que solo lo admitirías en el caso de que yo tuviera dinero suficiente para desprenderme de esa cantidad. Te contesté que no era millonaria pero estaba dispuesta a hacer un sacrificio a favor de nuestros semejantes perrunos siempre y cuando estuviera a mi alcance. Me contestaste, Patronio 81, que habías pensado en una contribución de veinticinco pesetas pero igual era demasiado para mí y si no podía hacerlo lo ibas a entender perfectamente. A pesar de que los periodistas y escritores no nadamos en la abundancia pude contribuir satisfactoriamente, y te sentiste tan aliviado como si te hubiera ofrecido la misma cantidad que muchos de nuestros empresarios dedican al blanqueo de dinero.

Sin embargo nadie pudo haber previsto el final de esta historia que nos hizo reflexionar a todos sobre la ingratitud canina. De pronto y sin previo aviso el perro desapareció. Abandonó su suite real y su comida iluminada con estrellas michelín y se fue con viento fresco. Al mismo tiempo las aguas volvieron a su cauce. El cojín de raso a su sillón y la almohada a su cama.

Han pasado muchos años desde entonces y nos han envuelto muchas alegrías y unas cuantas tristezas. Ya no nos encontramos en el rellano de la escalera. Yo vivo entre gaviotas gigantes que parecen buitres y tú trabajas entre buitres que parecen gaviotas. Eres un personaje admirado en el mundo financiero, tienes pequeños Patronios que son idénticos a ti y vives rodeado de amor y de largas marchas sobre una bicicleta cuando te persiguen los problemas.

Pero entre los comentarios de nuestro blog, un día hace ya algunos meses, apareciste de pronto, Patronio 81. Al principio casi sufrí un desmayo pensando que se trataba del Consejero del Conde Lucanor, pero no, eras tú mismo que de repente y sin previo aviso habías entrado de nuevo en mi vida en un final feliz.

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Imágenes que susurran

Besos estrellados

Sólo es cierto que existen los principios
la voluntad de Dios tan creadora
abiertamente herida en el pecado,
amando en cada sangre sus dolores,
inmune a los cansancios presentidos
y al eco cristalino de los vientos.

Pero aquí están tus ojos en la hierba,
dos pájaros prendidos de un almendro,
dos silencios que vuelan en los siglos
en ecos de suspiros medievales
y en besos estrellados en los dientes.

Las lunas altas recorren sus caminos
entre dorados silencios siderales
en el derroche oscuro de la noche.
Se hunden en la dimensión de las preguntas
mientras el amor, como una piel de nube
se acerca a las íntimas fronteras
de los misterios más profundos.

Ahora flotamos entre pétalos,
incandescentes como flores,
como estrellas abrazadas
en busca de preguntas.
Solos tú y yo perdidos en el espacio
sin poder contemplar
la magnitud de sus orillas.
Mientras los peces de colores
se vuelven arterias
en la serena conjunción
de los besos estrellados,
recorriendo el último camino
humilde y silencioso de la eternidad.

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